sábado, 10 de agosto de 2013

El grafiti su evolución y propuesta muralística en Chile.
Teo Vida Ingravita artista visual chileno en el CENAR


Todas la obras en este escrito son creaciones de Vida Ingravita

El arte tiene un fuerte componente de la tradición, del entorno, de los valores humanos más sensibles en los espacios donde los trabajadores del arte recrean y reconstruyen parte de su imaginario colectivo. Chile, la tierra del gran poeta  Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura 1971, la cantautora Violeta Parra,  el cantautor Víctor Jara, de los grupos de la música de la nueva canción y del folclor como son: Inti Illimani e Illapu, del buen vino,  de la cueca y de grandes pintores que han sido iconos importantes en la artes plástica, como  son los maestros: Claudio Bravo, los muralistas Roberto Matta, Mario Toral, José Venturelli, Gregorio de La Fuente, Carlos Quizpez Asin, entre otros que aportaron desde la academia, con  el oficio depurado con un alto nivel de creatividad y fantasía logrando ser  grandes exponentes de la cultura y  de las artes visuales contemporáneas de Chile y del continente americano.

Cada uno de los grandes creadores ha  aportado  y son herencia para el devenir histórico, son referentes significativos para las generaciones que empuñan el instrumental estético a favor de la vida, representa un  bagaje rico en contenidos y propuestas estéticas que han abonado  a la identidad nacional, a la fundación y desarrollo socio cultural de Chile.

Asimismo, el paso de uno de los grandes muralistas mexicanos como el maestro David Alfaro Siqueiros que junto con otros grandes como es Jorge González Camarena y Xavier Guerrero en Concepción Chillan, dejaron su impronta muralística; constituye otro aporte muy significativo al desarrollo del arte y la cultura en Chile.

En ese proceso hereditario, el pueblo chileno ha develado a otros creadores  en el tema de las artes visuales, y más específicamente en el muralismo con propuestas y grafica como es el caso de la Brigada Ramona Parra, BRP.,  fundada en 1968 y sus primeros murales nacen de la propuesta de la candidatura de Pablo Neruda para Presidente, y posteriormente para la candidatura del Dr. Salvador Allende. Sus expresiones inician con una composición y producción de calle que, se convierte por muchos años en un sello muralistico chileno, asimismo, el maestro Alejandro “El Mono”  González, ex miembro de la BRP., es otro creador que surge con su sello personal en las cuatro últimas décadas.

Luego, las paredes se visten de color con el grafiti producido por las nuevas generaciones,  expresiones que son una fusión de la transculturización, bien por los grafiteros de New York, Brasil, o del grafitero Bansky de Inglaterra. Sus primeras incursiones, contenían caligrafías, posteriormente, fueron incorporando  un nuevo imaginario extraído de los contornos particulares de cada región, creando una nueva manera de concebir y hacer un arte de cielo abierto, para consumo de la población.

Los precursores importantes son DVE Crew. Con un trabajo creador, que surge clandestinamente, transgrediendo los cánones sociales,  tomándose las paredes y muros para denunciar y propiciar un diálogo con la población a través de la expresión del grafiti mural, con un imaginario donde fusionan la tipografía y la figuración.
Esta experiencia, se convierte en una propuesta que inspira o motiva a los jóvenes que incursionen y apuesten su creatividad, a estudiar artes visuales, a construir y alimentarse de un pasado, de una herencia y de su territorialidad y de la sociedad chilena y de los grandes creadores del muralismo y grafiteros. Es en este punto de la historia surgen grupos de jóvenes y creadores individuales que enfilan su potencial y compartiendo la experiencia entre ellos, están: STGO Under Crew, Agotok, Los Ala Pinta, Los  Doce Brillos, Ha Crew, Los Oberoles, Vida Ingravita, y pintores grafiteros como: Raúl Cansino,  Desie, entre otros.

Vida Ingravita, (Chile) se forma en el 2011, sus integrantes, Chistian Anavena (Degras), Edgar Gutiérrez (Nao), Felipe Alarcón (Yono) y Teodoro Saavedra (Teo). Surgen a partir de la necesidad de unirse en colectivo para auto desafiarse, generando una fusión entre el muralismo y el grafiti, Sus propuestas nacen de la reflexión académica con un conocimiento de la construcción para luego decontruir y darle movimiento a sus composiciones, de ahí el nombre de Vida Ingravita. Como jóvenes emergentes sintieron que el grafiti les limitaba para expresarse, es cuando reflexionan para buscar e internarse en hacer propuestas demandantes desde lo particular de sus entornos, de los pueblos originarios, de su cultura, es decir del rescate de la memoria histórica, con más iconografía que lo  caligráfico.

Con un basamento académico,  les permite modelar las imágenes sin la necesidad de un filete (típico del grafiti), en lanzarse a la experimentación, a la búsqueda del movimiento, de interrelacionarse con otros creadores tanto del grafiti como del muralismo latinoamericano, lo que les enriquece a propiciar espacios compositivos a lo monumental.
El Centro Nacional de Artes CENAR. y Voluntarios por el Arte, VOLARTE., tienen el honor de presentar al artista visual Teo Saavedra,  integrante de Vida Ingravita,  con la Charla Mural grafiti, evolución del grafiti en Chile, este miércoles 14 de agosto a las 9.30 a.m., en el salón Carlos Cañas del Centro Nacional de Artes CENAR  y posteriormente hará un mural en una de las paredes de la institución.
Isaías Mata










domingo, 12 de mayo de 2013





Mural ‘’500 Años de resistencia’’
Iglesia San Pedro, La Mission, San Francisco, CA.

Su historia.
El padre Jack Isaac, párroco de la iglesia San Pedro, hombre visionario, sensible, solidario, humilde, con su voz y su iglesia a  favor del pueblo. Fue quien me comisionó la creación de este mural. ‘’Quiero que la gente de esta comunidad latinoamericana del barrio de la Mission, se sienta orgullosa de sus pueblos y de su historia”. El padre Jack, se vio preocupado del choque cultural de los inmigrantes, de cómo se manifiesta en la perdida de los valores identitarios, de su memoria histórica, proceso en el cual  la cultura dominante subordina a la cultura del inmigrante.

1492 a 1992, eran 500 años de la venida de Cristóbal Colon, y en todo el continente se manifestó de diversas formas el hecho de un mal llamado descubrimiento. Las etnias y los movimientos sociales de la sociedad civil progresista de todo el continente, lanzaron su voz de protesta, se manifestaron en contra de un etnocidio, del saqueo espiritual y material, de la imposición de otra cultura, convirtiéndose la conquista en la sistematización prolongada de una historia del exterminio, de la violación a las soberanías, a la autodeterminación y a los Derechos Humanos.

El título  de 500 años de resistencia”, no fue casual, fue la intención de retomar y afirmar algunos aspectos de los valores identitarios de nuestra franja latinoamericana,  el intento de narrar la historia del pasado hasta la historia del presente. De alguna manera, fue la simbiosis de construcción del Sacerdote Jack Isaacs y este servidor.

Fue el gesto aproximativo de reivindicar a los pueblos, las etnias, la multiculturalidad, al inmigrante latinoamericano en Los Estados Unidos, a ese profundo complejo proceso de mestizaje, al reinvento cotidiano de los pueblos que luchan por mantener sus utopías y los esfuerzos de identidad, a ese profundo bagaje de la memoria histórica, a los valores cosmogónicos, a ese intenso río de diversas corrientes que viven con su profundo sentimiento identitario.

Su inicio y producción en 1992
El mural fue producido, primero por la visión del Padre Jacks Isaacs, por el apoyo y participación de la comunidad del barrio de la Mission, la feligresía y los comerciantes que dólar sobre dólar, respaldaron económica y moralmente la propuesta que se les presentó en un diseño, el cual fue aprobado para su producción. Demando casi 9 meses en su creación, Walter W. Godoy (salvadoreño) y Fred Avilés (mexicano norteamericano) fueron temporalmente apoyos en la producción del mural.

Argumento visual

Calle 24, Barrio La Misión
El mural intenta visualmente reconocer la cosmovisión de los pueblos originarios donde la muerte es parte del ciclo de la vida, siendo el renacer en nueva formas de vida, en la tierra, en las plantas, en la cosecha, en la vida misma para continuar los procesos de la vida. Está lleno de existencia, con agua, cerros montañas, cosechas, un cielo despejado y al centro una mujer que anuncia la vida con un caracol y cortada las cadenas de la esclavitud espiritual y material. Es el inicio argumental del mural.



La conquista, desde el uso del caballo, la pólvora y las ojivas; es la  expresión real de invasión, del saqueo, de violación, del dolor, es el flanco de la muerte, metafóricamente es la puerta del infierno, la antítesis de la vida. Estas imágenes invasivas, encuentran la resistencia de los pueblos y el trabajo como forma de dignificación del ser humano. En la parte superior, un fondo con distintas formas, colores y tonos que tiene la tierra; en ella, un indígena alado y crucificado, pero igual resistiendo los embates, en su mano una lanza y un machete instrumentos de caza, trabajo y a la vez de lucha. Y un búfalo que de alguna manera representa la relación cosmogónica de las etnias de Norteamérica. Una mano obrera, gigante, hace el gesto con fuerza y determinación con trabajo, y un alto a las conquistas.

En la parte inferior, está  un rostro de perfil con firmeza con fisonomía Maya, que encara las conquistas junto a rostros mestizos. Está el hombre jaguar, o Jaguar, un valor-símbolo altamente significativo y mágico, de las culturas Mesoamericanas y Sur América con su yaguareté (jaguar), representado en cientos de expresiones como: asientos, figurillas o estatuillas, sellos, en murales, en los códices, en las escalinatas de las pirámides, al Dios de la lluvia Tláloc, representado con colmillos de jaguar, etc. Y la maternidad y las artes textiles de los pueblos originarios.

En un rinconcito, aparece la flora con la candidez de una niña.

En la parte superior de la siguiente pared, una escultura monumental de la cultura Olmeca, a un costado un libro abierto con dos versiones de la creación del ser humano, a la derecha la visión religiosa occidental del catolicismo, y según el profeta Isaías, y a la izquierda, la visión del Popol Vuh, libro sagrado de los Mayas y con una paloma guardiana de la paz y la justicia. Y en la esquina el Dios del Maíz como símbolo de la cultura Mesoamericana.

En la parte inferior, se destaca una mujer indígena emulando a la virgen con símbolos circulares, como estrellas o iconos del uno (1) número maya. Seguido de rostros étnicos y mestizas que habitan en todo el continente. Orienta un colibrí que emerge del sol que es parte de la cultura pre inca del valle de Nazca de Perú. En la esquina, con un ángulo que gira a la calle Florida, en pose de oración está la mujer maíz, desnuda, la tierra o Pacha Mama o madre tierra, que nace del sol, que es luz y vida a la vez.

Calle Florida
Continúa la otra mitad de la mujer maíz, en la parte inferior, dos niños, son el futuro y camino hacia la paz. En la parte superior, están algunos personajes con fe religiosa y sensibilidad social que han aportado significativamente a la justicia a la paz y a la dignidad, la Santa Kateri Tekakwhitza, Monseñor Oscar Arnulfo Romero (asesinado en El Salvador en 1980), el Padre Miguel Hidalgo y Costilla, prócer de la independencia de México, Martin Luther King (asesinado en 1968), abogado de la etnia negra de Los Estados Unidos y Fray Bartolomé de Las Casas, defensor de los esclavos durante la conquista.




En el centro de la pared, se acentúa una enorme rueda, simbolizando el desarrollo de los pueblos, que es empujada y halada por la diversa multiculturalidad étnica. Al final de la pared, está  la ciudad, que de ahí surge la población multiétnica demandando derechos y reivindicaciones a favor de la paz, justicia, equidad y los derechos laborales con protagonistas anónimos del pueblo, así como, actores históricos que han abonado a la comunidad como  el padre Jack Isaacs y el líder César Chávez.


Restauración, abril 2013
Después de veintiún años, el mural estaba deteriorado, fundamentalmente la pared de la calle Florida. José Artiga (salvadoreño) contactó a este servidor en El Salvador, para que viniera a restaurarlo, es así que, se formó un Comité de apoyo de restauración, siendo sus integrantes: Eileen Purcell, Jeannette Sacchery Secretaria de la Parroquia,  Susan Cervantes muralista, fundadora y directora  de Precita Eyes Mural Center y José Artiga de SHARE Foundation. El comité inicio los esfuerzo a principios del año de 2013. Los fondos para la restauración (compra de materiales, andamios, pasaje, honorarios, etc.) fue por el aporte económico de: comerciantes, feligreses, líderes comunitarios, vecinos de la comunidad, sacerdotes y amigos del Padre Jack Isaac, sindicatos y amigos.


Se emprendió el proceso de restauración el 4 de abril, y se concluyó el 20 de abril de 2013. Se utilizaron algunas técnicas restauración con la participación del restaurador puertorriqueño Aureliano (Yano) Rivera, administrado por Precita Eyes Murals. Incorporándose voluntariamente Mario López Cativo (salvadoreño), la norteamericana Jenny Ferrigno, y el apoyo de Alberto Miguel Sandoval. Finalmente, se incorporó  el muralista Ernesto Paul (Coyote Cruising) y destacar la participación en su momento de las niñas Caidin y Simone Ferrigno, y Emilia Lubet, que a su nivel apoyaron este esfuerzo.

Dejo expreso mis altos agradecimientos, al Comité de restauración del mural, a Precita Eyes Mural, a Susan Cervantes, a mi equipo de trabajo, a mis amigos, compañeros, a la familia Ferrigno que me brindaron su apoyo, a los vecinos, al Padre Manuel Estrada, Párroco de la Iglesia San Pedro, a todas y todos que de distinta forma gravitaron y brindaron sus energías a favor de este noble gesto para recuperar el mural de 500 Años de Resistencia, que intenta llevar el mensaje de vida y de la memoria histórica, y que seguirá siendo parte integral del corredor cultural de este barrio.


Igualmente, mis agradecimientos a la Mesa de Supervisores (Board of Supervisors) de la ciudad de San Francisco, California, en especial al Supervisor David Campos, por la Resolución de Declaratoria de considerar el mural ’’Tesoro de la Ciudad de San Francisco’’, al Obispo Auxiliar del Arzobispado, el Obispo William Justice por bendecir el mural y a mis amigos: el poeta salvadoreño Jorge Argueta y Jorge Molina, por brindar un ritual indígena en el acto de reinauguración.

Isaías Mata
Pintor y muralista salvadoreño
San Francisco, California. 30 de abril 2013









jueves, 29 de noviembre de 2012






Esa hermosa experiencia muralística de las duplas de padre e hijos

IV Encuentro latinoamericano de muralismo Godoy Cruz, Mendoza

El pasado IV Encuentro latinoamericano de muralismo y arte público, desarrollado del 20 al 28 de octubre 2012,  en la ciudad de Godoy Cruz, Mendoza, organizado por la Dirección de Los Derechos Humanos encabezada por el buen amigo y gestor socio cultural Diego Garecas y con el apoyo de la Dirección de Cultura, Patrimonio y Turismo del municipio de Godoy Cruz, Mendoza.

 El Encuentro estuvo destinado al rescate y homenaje o referencias a las obras de algunos pensadores del continente latinoamericano tales como, Ernesto Cardenal, Juan Gelman, Augusto Roa Bastos, Juan Rulfo, César Vallejos, Osvaldo Bayer, Gabriel García Márquez, Daniel Moyano, Pablo Neruda, José Martí, Ernesto Tejada Gómez, Flores Magón, Hamlet Lima Quintana, José Carlos Mariátegui, Arturo Roig, Paco Urondo, Julio Cortazar, Paulo Freire, Eduardo Galeano,  entre otros. Concurrieron más de 80 muralistas de Chile, Perú, Bolivia, Perú, México, Argentina y El Salvador. Fueron 30 murales que se crearon en distintos sitios, concentrándose la mayoría en el barrio Sarmiento.

Este esfuerzo, cobra mucha significación en tanto que la producción de los murales tiene el cielo como techo, es decir, se convierte en un museo de cielo abierto, donde la comunidad es la depositaria y beneficiada con dicha producción. Lo que representa ser un dialogo vivo, franco, y el beneficio del goce estético, además del embellecimiento y dignificación a favor del barrio y de los sitios donde se crearon los distintos murales.

En este encuentro, es importante destacar un hecho significativo, y es la participación de algunos colegas muralistas, que brindaron su aporte desde la perspectiva de padre e hijo, es como heredar el ejercicio y el oficio del arte plástico muralista, el encanto de compartir y trabajar reflexivamente de tú a tú, como dupla que sienten y  tienen la convicción de aportar a los anhelos vitales de la vida con el arte público.

Padres e hijos, fueron algunos colectivos, que hicieron pareja como equipos de trabajo, pensaron y construyeron sus diseños, arriba de los andamios trazaron las primeras líneas en los muros,  fueron poco a poco sacando la magia del color y las formas, reflexionaron conjuntamente sobre sus proyectos, al final de cada día, cansados pero con el ímpetu de seguir y concluir sus obras, reflexionaban como emprender al día siguiente la labor para dejar una mejor impronta en el barrio.

Con el manto de la noche que abrigaba el frío y las estrellas como pequeñas luciérnagas, justo, antes del comienzo de cada jornada de las charlas y de las cenas, padres e hijos compartían con todos los avances, las ideas, las impresiones del día de trabajo, sus experiencias, anhelos, sus proyecciones, sus ejercicios plásticos, sus vivencias y lo mejor de sus vidas, acompañados ya sea con el canto de algún compañero  o con un buen vaso de vino tinto.

Así desfiló el tiempo de una semana de trabajo bajo un sol abrasador, arriba y abajo de los andamios, subiendo pintura, brochas e ideas, reflexionando, analizando sus propuestas, hasta llegar a la satisfacción de concluir una labor mágica a favor del arte público y de la  comunidad.

Así tenemos al maestro Leonardo Casimiro, su hijo Olfer Leonardo y su compañera Chirley Rodríguez del Perú, juntos trabajaron creando la obra destinada al pensador argentino Rodolfo Walsh. Mi buen amigo y hermano, el maestro Marcelo Carpita y su hijo Lautaro Carpita, de Buenos Aires, Argentina, crearon el homenaje al pensador y escritor argentino Daniel Moyano y el maestro Guillermo Roura y Julián Roura de Mar de Plata, Argentina, recrearon al pensador mexicano Juan Rulfo.

Esta experiencia entre padre e hijo, es experiencia y continuidad, es memoria, es un buen ejemplo, es compartir esa práctica emotiva, sensible y hermosa,  es una manera de heredar, es una forma de enseñanza y aprendizaje bilateralmente, es como ir dejando juntos sus improntas en los muros, es reflexionar y construirse juntos como sujetos históricos, es un  aporte simbólico y muy significativos a sus vidas, y sobre todo la contribución al arte público en correspondencia al rescate de los valores identitarios de la memoria histórica de Latino américa.

Felicito y abrazo este gesto muy humano entre padres e hijos, (todos ellos mi amigos, compañeros y hermanos) y por haber compartido juntos con todos los colectivos y colegas en este Encuentro que, nos posibilitó un encuentro y reencuentro con tanto y tantos hermanos creadores latinoamericanos que seguimos abrazando utopías, de pintar muros y paredes a favor del imaginario colectivo de nuestros pueblos.

Por: Isaías Mata.


domingo, 17 de junio de 2012


Reflexiones sobre los Pueblos Originarios

Foto de Walter Trujillo. Pueblo Yanomami
 El marco jurídico político de los Estados nacionales, plantea que todas las personas somos iguales ante la ley, con los  mismos derechos y obligaciones. Sin embargo, en la práctica de la realidad, las diferencias sociales, étnicas  y de marginalidad son asimétricas, las cuales, se expresan en las formas de relación  y convivencia social en el plano político, económicos social y cultural. Un ejemplo claro de esto, es como se concibe la cultura de los pueblos originarios, categorizándose y tratándose como folclor.

Intentando hacer una aproximación de los pueblos Originarios, muy a pesar de la avalancha de marginación histórica en las que se han visto sometidos, encontramos un ejercicio de resistencia y de lucha con sistemas simbológicos que les provee  los contenidos y rasgos identitarios.  Por ejemplo, el espacio, es uno de los componentes primigenios que les da sentido de pertenencia, es un argumento y valor simbólico importante que los robustece y los ha vigorizado a través de los años, es decir, el espacio delimita un entorno, un territorio como noción, el ámbito socio cultural donde esta ejercida su cosmovisión, su práctica e identidad comunitaria, existe el sentimiento ancestral que, ellos pertenecen a un espacio y el espacio les pertenece como originarios.

El continente, denominado ABYA-YALA “este es el término con que los Cuna (Panamá) denominan al continente americano en su totalidad; significa "tierra en plena madurez", fue sugerida por el líder aymara Takir Mamani, quien propone que todos los indígenas lo utilicen en sus documentos y declaraciones orales. Esto representa una clara apropiación consciente del territorio, es el espacio que constituye, la región donde sus rasgos han tenido una conexión directa viva con el medio ambiente, un arraigo fuerte con la naturaleza, parte y fuente intrínseca de la vida de la historia de este continente, a la cual ellos le guardan respeto, adoración y una jerarquía primaria, es decir la Pacha Mama, que es el suelo de sus ancestros y nicho de sus identidades, la proveedora y la que cohesiona su cosmovisión.

En esa conciencia histórica, que se ha transmitido de generación en generación, la tradición oral ha jugado un rol vital, fundamental para la aprehensión de su historia; los Pueblos Originarios identifican el pasado prehispánico como origen y como los depositarios herederos del espacio y de sus tradiciones.

Este universo simbológico,  tienen vigencia, en tanto que, se expresa a través de  sus formas de organización y de las prácticas en torno a las creencias, formas rituales, de convivencia y en el lenguaje, deriva en situ, la cohesión y el mantenimiento de los rasgos socio culturales; síntesis de su cosmovisión impregnada en la vida cotidiana, haciendo uso de los espacios públicos y privados que suministra la conexión comunitaria y el sentido de pertenencia.

El ritual comunitario, entre otras expresiones, es parte dinámica y viva de la memoria colectiva, marca los ciclos de vida, religa el transcurso del tiempo anual, el espacio temporal  que condensa y exalta las creencias compartidas; en este rasgo, se propicia el fortalecimiento de las identidades, se reconocen entre si como semejantes, otredad  distintos y se diferencias de las sociedades citadinas.

Asimismo, el lenguaje ritual constituye un instrumento de reproducción socio cultural altamente significativo, conectado a las prácticas religiosas que, se nutre y se reelaboran los referentes identitarios históricos. Presupuesto cultural que, constituye, pensamiento y una forma singularmente de sentir, que se traduce en la cosmovisión y cosmogonía.

El sometimiento, la transculturación, la idea del “progreso” la noción del desarrollo y lo moderno, el racismo disfrazado, que oculta la explotación y marginalidad, crea por un lado la pérdida sensible de valiosos elementos de la cultura  y de la memoria histórica, es el etnocidio. Por ejemplo, el cambio de la indumentaria, la extinción del lenguaje,  que son rasgos visibles de la identidad étnica, es sinónimo de la relación asimétrica socio cultural. En Esta relación, constituye un resorte al acecho continúo a la desaparición de los valores identitarios.

Los Originarios, han resistido y han luchado por preservar, darle continuidad a sus propios procesos culturales y el fortalecimiento de sus rasgos identitarios; siendo la tierra el eslabón fundamental para sus luchas, un eje transversal que ha permitido la retroalimentación para el mantenimiento de sus identidades, frente al desmedido crecimiento urbano y de las ciudades.

En la tierra, se encuentran sus territorios, el sentido de pertenencia, por ello la significación de la defensa contra la destrucción atroz de los entornos naturales y de los recursos vitales como el agua, la flora y la fauna, son hechos que se convierten en atropello a las soberanías, falta de respeto por la igualdad de derechos, de los espacios que, históricamente han develado una profunda  relación, que va mas allá de la simple idea de la propiedad.


Ahora bien, reflexionando sobre la relación del Estado y de los Pueblos Originarios, entendemos que es el Estado, quien tiene una enorme e histórica deuda con los pueblos originarios,  tiene y debe reconfigurar su papel o rol en estas relaciones, no para su uso y explotación de los rasgos socio culturales expuestos en los escaparates y denigrándolos en el mercado folclórico, como tradicionalmente se hace a través del turismo y la mercadología que irrespeta nuestra cultura ancestral.

Siempre está el momento, que el Estado tome una posición responsable para hacer un análisis serio, de pactar compromisos donde se respete la mulculturalidad, la equidad, la autodeterminación y soberanía, lo cual exige el reconocimiento de los derechos civiles, políticos sociales, culturales y la territorialidad de los Pueblos Originarios.

Esto por supuestos, amerita además, de la voluntad política, un análisis profundo en lo  económico, político, social, jurídico y cultural, para posibilitar una redefinición política de las relaciones, que derivará una articulación global de la sociedad. El Estado deberá crear mecanismos y compromisos reales sustentados en la equidad y el respeto a las soberanías, con políticas y estrategias sustentables de desarrollo para el fortalecimiento de los Pueblos Originarios en abono a la dignificación, el respeto y recuperación de la memoria histórica. Significa entonces, reconocer al pueblo como un hecho plural, intercultural y  multicultural.


Isaías Mata.

Anexo link
 http://vulcanusweb.de/dialogando/indigenas-latinoamericanos.htm
 
(Fundação Nacional de Saúde - Funasa)
Davi Kopenawa Yanomami avec des enfants de Watoriki
©JP Razon/Survival. Fotos de Walter Trujillo


Pensando en el objeto de arte y su valoración.

Las sociedades en su transcurso civilizatorio son productoras de culturas, un proceso complejo donde se dan las contradicciones e incidencias, allí residen y están contenidos los rasgos procesados y acumulados más fundamentales de las identidades que le proveen una singular personalidad e identidad a cada sociedad en su propia época.  La cultura, un proceso complicado, producto y reflejo de las relaciones sociales de producción derivado de los presupuestos socio culturales producidos en sus múltiple manifestaciones conexas con sus distintas y diferentes expresiones nacidas y transformadas en el seno  de la sociedad.

Un proceso histórico social propio del ser humano que, se evidencia en el plano de las relaciones humanas con saltos cualitativos y cuantitativos, como consecuencias de sus propios desarrollos, en esta dinámica inciden influjos regionales y, o universales (transculturalidad), siendo este un proceso constante y cambiante en las sociedades.

En este marco, la transculturalidad, es un fenómeno socio cultural interesante de interpretar en el marco de las relaciones entre los Estados con mayor poder económico, político y cultural, y los Estados con menor poder. En esta línea de correlación, se establece la transculturalidad vertical, donde la cultura dominante dicta los enunciados, cánones, normas y los paradigmas que son los dogmas innegociables. Igualmente, mencionar que en el escenario mundial, los centros operativos de la cultura dominante, se da la situación de transferencia, cambiando según su avance o desgaste en el poder político y económico. Pero también, existe la incidencia en menor grado de las culturas o Estado dominados sobre los dominantes.

En el caso de su cumbre, se procesan hábilmente políticas y estrategias expansionista, fomentando su cultura vertical. Esto contribuye a someter a los Estados, pueblos indígenas, etnias y pueblos multiculturales, con menos posibilidades de competir con el poder vertical, transformando o confundiendo las identidades o parte de los idearios socios culturales.

El arte, en el complejo desarrollo de las relaciones, al igual que la cultura, es un reflejo de las relaciones sociales de producción, que como categoría de la conciencia social, tiene consecuentemente el  componente de clase, es decir, esa manera de sentir, de concebir y abstraer la realidad a partir de la concepción y el estatus de clase. De manera que el valor estético, no puede ser aprehendido, abordado, sino es, en el marco de la dimensión socio cultural.

Mas sin embargo, arte o el hecho estético históricamente han sido avalados, potenciado, o definido como tal, por las elites que se expresan a través del poder político, económico, religioso y militar. Desde Grecia, Roma, el Medio Evo, el Renacimiento, en la América precolombina y en las sociedades occidentales contemporáneas; han sido los poderíos políticos, económicos, militares y religiosos quienes definen y ostentaban el arte a favor del estatus quo y al mantenimiento del  mismo poder.

Como producto histórico socio cultural, el arte debe incluir la historia al hecho estético. Además, se deriva de la necesidad de re significar a través de la representación y la simbolización de los momentos perentorios en las transformaciones, cambios, estabilidades y hasta las luchas sociales, como convicción ética y estética, o al menos acercarse a su historia. Como forma del pensamiento es ideología, de ahí su cargamento que bien puede ser a favor de las causa justa o como “arte por el arte” que eleva las formas y las posiciones subjetiva, alejada de la consecuencia social e histórica, subordinando el objeto o el hecho estético por excelencia en decorativo.

La noción de arte en el proceso de la cultura, es consecuentemente el valor estético, que tiene una dimensión humana y antropológica, aparece como valor paradigmático, enunciado irrefutable que se ha establecido inamoviblemente, teniendo su metamorfosis conceptual, avalada y producida de manera vertical, por las culturas donde está el centro o las metrópolis del poder. En estos centros de poder, son las elites del capital o los intelectuales que mayormente pertenecen a las medias y altas esferas, quienes dictan y aprueban el valor del signo estético.

Por un lado, el arte ha estado sometido a ese fenómeno de reprimir la libertad de creación, o manipulación, por otra, de enajenar a los artistas a la búsqueda de un éxito banal alienante, cosmopolita con expresiones carentes de un sentido histórico con una retorica plástica recurrente, repetitiva y en el engañoso proceso del mercado que nubla la sensibilidad y el acto de libertad de creación, de allí la enajenación paradigmática de los artistas.

El arte en la mayoría de casos y de géneros, se encarga entonces, de satisfacer las necesidades y los antojos más elementales hasta los fútiles de las élites, pues son ellas las que acreditan y ratifican mediante los ilustrados marchand, jurados, curadores, galeristas, escritores de arte, que en la mayoría de casos han sido instruidos o educados con el ojo estético a favor del gusto burgués. Una apropiación donde el objeto o hecho estético se enclaustra; la noción de la libertad de expresión manifestada a través de una conciencia y sensibilidad manipulada a las exigencias de los sectores dominantes y del mercado que decoran los espacio y hace suyo la exclusividad del goce estético.

De manera que las galerías, los museos, los certámenes, las exposiciones, las bienales, son los escaparates, las vitrinas, centros operativos donde los mandarines o emisarios del poder dictan las normas y los nuevos cánones a seguir como ley incuestionable.

Por otro lado, el arte como usufructo emanado del proceso de socialización y culturización, tiene como responsabilidad histórica de ser el procesador o tamizador de los hechos a través de los contenidos comunicacionales con una carga emotiva expresada a través del signo creativo. Lo que constituye, en la línea del tiempo, parte de la memoria histórica de los pueblos y lega afianzar una lectura de una parte de la identidad socio, histórico y cultural. 

También, se puede aludir que en los procesos socio culturales cuando estos son más álgidos, de convulsión, de cambio, de caos político, cultural y económicos; la creatividad parece ser un valor que cobra mucha significación, derivada de la misma realidad, posiblemente por la urgente necesidad de expresarse contra el caos o el status quo, o bien por la imperativa necesidad de revalorar e interpretar a través de medios creativos la realidad, desafiar, apologizar o denunciar los sistemas o los hechos  que imperan en la sociedad. De tal manera, que el arte proporciona una matriz importante en las significaciones estética en los momentos socio, históricos-culturales.

En este marco conceptual, existe el mito casi absoluto que, son los intelectuales, los artistas y lo escritores, quienes empuñan el arma de la estética para ser y hacer vanguardia en la sociedad, pero esto, constituye casi un mito. Son vanguardia, un número reducido de actores estéticos que definen y determinan su quehacer creador a favor de los cambios tanto creativos como sociales. El compromiso o esa acción, surge, a partir de varios elementos. La concepción o cosmovisión que en síntesis es la categoría de clase lo que determina el perfil de su obra creadora,  su  compromiso estético, ético y social de comunicar lo incomunicado o reinterpretar a través de un lenguaje estético.

No se puede negar que en esta relación arte, artistas, intelectuales y sociedad, hay actores que constituyen ser componentes activo en las filas de los movimientos sociales o en los grupos políticos a veces revolucionarios, que defienden las convicciones y construyen con la estética, la lucha, la convicciones a favor de la justicia junto con las masas, si los hay pero nos son todos, sino, solo aquellos que tiene los componentes ideológicos, políticos, estéticos y están claros de su compromiso con la sociedad y con su historia

Pero, están las fisuras de los sistemas, que permiten contradecir los paradigmas, así hay creadores que se escapan o contradicen los prototipos y son los que dan el salto cualitativo en las tendencias o istmos estéticos, pero en la mayoría de  casos son excluidos, censurados, exilados y hasta ignorados en la historia en sus mismos nichos socios culturales. También se dan raros casos que el aporte patrimonial es reconocido hasta después de su muerte.

De manera que, el arte o el valor estético, está en la mayoría de veces supeditado o manipulado a la medida de los consorcios del mercado, una trampa que lleva al artista (sobre todo a los de las artes visuales) a caer en la seducción de una realidad engañosa.

Entonces, se hace necesario, reconstruir posturas más coherentes o tomar conciencia de los embates, a reconocer que somos un sector de la población susceptible con muchos niveles de vulnerabilidad; en fin, intentar tomar la bandera soberana de la libertad de creación fuera de los patrones del mercado.


Isaías Mata

domingo, 20 de mayo de 2012

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“El muralismo latinoamericano en el posmodernismo Aproximación y continuación de reflexiones.


El muralismo latinoamericano en el posmodernismo
Aproximación y continuación de reflexiones.                                                                                                                                          
Abordar el muralismo en las últimas décadas, se hace necesario dilucidar algunos aspectos más notables que refleja éste sistema socio, económica y política en el orden de la vida; y cómo afecta o incide en el desarrollo y procesos de las economías socio culturales de nuestros grupos sociales y sociedades.
No hay duda que el posmodernismo, aparece como continuidad del sistema capitalista, con una renovada política económica apoyada con una tecnología de punta mediática y una cultura globalizante. Los países con mayor potencia económica son quienes dictan los planteamientos y normas a seguir a través de sus estrategias, instrumentos y los medios de información masiva que, son los que mantiene desinformadas a las sociedades o informados según sus conveniencias políticas y económicas.
            La caída del bloque socialista, el muro de Berlín, el fracaso de las revoluciones de América Latina, fueron hitos que incidieron en la desplome y  el desvanecimiento de las utopías, de la lucha por conquistar las soberanías y los propios procesos de desarrollo de cada pueblo que están en el cordón hemisférico.
Sin embargo las contradicciones siguen siendo las mismas y más graves, los problemas sociales, económicos y el tema de los Derechos Humanos siguen teniendo su grandes atropellos y abusos,  entre ellos: el desempleo, la salud, lo ecológico, la equidad, la justicia, la recuperación de los espacios y soberanías étnicas, la tierra, la igualdad de género, la trata de personas, la violencia intrafamiliar, el trabajo forzado de la niñez, la violencia juvenil e intrafamiliar, la migración masiva. También están: las minas de cielo abierto, el analfabetismo, el agua, la falta de seguridad, la libertad de expresión, la drogadicción y el alcoholismo, el tráfico de armas y de drogas, la discriminación, la impunidad, la corrupción, el racismo, la pobrezas extrema, etc., son los males de siempre.
Esto desde luego, afecta más la manera de concebir, sentir, hacer la cultura y las relaciones humanas, impactando la manera de crear y producir arte.
En esta vía de avatares, el muralismo como fenómeno cultural y expresión popular, está definitivamente en este marco de relaciones, sus hacedores inmersos, son afectados en la cosmovisión creadora. Pero, frente a esto y como respuesta, el muralismo y sus artistas, se han expandido aun mas en todo el continente, como una respuesta pública, replanteándose su expresión plástica, su modalidad, su dinámica, su incorporación a la sociedad como militancia  artística, política y estética a favor de las comunidades rurales, campesinas y urbanas, barrios, grupos étnicos, sindicatos, entre otros.
El accionar tiene el ingrediente de ser más colectivo, más comunitario, y germina a partir de las propias necesidades de los actores y creadores, es un instrumento de comunicación didáctica, de mostrar y enseñar los valores de la vida, la historia, de los temas problemas; o bien, para la recreación de la vida cotidiana, simbolizar o representar los ritos, mitos, el folclor, las reivindicaciones, los anhelos del presente y del futuro. En esa diversidad de temas, la expresión con el signo plástico es una manifestación del arte popular, se hace más puntual, más regional, más específico según las necesidades de expresar las temáticas, que están intrínsecamente en sus propias realidades.
Los muralistas como parte del tejido social, tienen un compromiso con el ser humano del presente y con su historia, parten de esta noción, acuñando y fortaleciendo su responsabilidad y compromiso social con una ética y estética solida, para producir un arte en la vía pública. Es así que, individual y colectivamente se labora y se intervienen los espacios públicos como una ventana leal donde se rubrica la expresión de un sector o conglomerado social.
El proceso de producción está ligado a sitios y grupos humanos, los diseños, selección y preparación de las paredes, hasta llegar a la creación, son tratados de manera colectiva, es así que, la iconografía, composición y resolución plástica es tratada desde las más virtuosas hasta las más ingenuas o “naif”. Se reflejan los temas más sentidos y sensibles de su entorno, posibilitando una toma de conciencias social y cultural, además, de un enriquecimiento generoso que tiene el ser humano de pensar y reflexionar sobre los profundos cambios necesarios en su realidad concreta.
De allí, la noción de la territorialidad, de pertenencia, empoderamiento e identidad de la temática y del objeto como producto estético. Una valoración importante que permite a la comunidad, la re significación, valoración del proceso de trabajo, de la producción y consumo estético, del objeto como hecho artístico, y  el reconocimiento de la labor del artista, lo que consecuentemente se traduce en el componente retroalimentarío, social y humano.
En esta dinámica, hay muchos creadores que además de hacer su obra personal, acompañan dichas gestas, puedo citar a: Marcelo Carpita, Gerardo Cianciolo, Fernando Calzoni, Julia Kuzzysyn  y Kike Yorg, (Argentina), Rubén Arúe y Diana Sckhafety (Paraguay), Lorgio Vaca (Bolivia), Gustavo Chávez Pavón (México), Leonel Cerrato y Rafael Tellez Lazo (Nicaragua), Ender Cepeda (Venezuela), Juan Moreira y Alicia Leal (Cuba), Mono González (Chile), Álvaro Sermeño (El Salvador) y este servidor, para mencionar algunos.
Asimismo, un fenómeno artístico-cultural interesante e importante que surge desde la década de los cincuenta, son los grupos de artistas producto de los movimientos políticos; nacen colectivos, brigadas o grupos de muralismo o arte público, que se aglutinan a partir de intereses, voluntades, marcos estéticos, teóricos, ideológicos y conciencias sociales afines o comunes.
Así, en éste proceso está La Brigada Ramona Parra, BPR., de Chile, uno de los colectivos más antiguos que se ha mantenido desarrollando hasta le fecha una amplia trayectoria, experiencia y producción. La BPR., desde luego que se alimenta de su historia, de su realidad y del  muralismo mexicano, nace en  acompañando la elección presidencial del Dr. Salvador Allende; hasta la fecha continua trabajando en todo Chile y fuera de éste, acompañando los procesos reivindicativos de sindicatos, escuelas, de los pueblos originarios, la recuperación de las fábricas, de la tierra, etc.
Es importante subrayar que la “Brigada Ramona Parra”, marca una iconografía, un estilo muy particular y muy propio. Sus imágenes fileteadas o modeladas con líneas oscuras o negras, le dan la fortaleza  de monumentalidad  y armonía al color, a la iconografía y a la composición barroca, notándose una fiel aprehensión de iconos propios de su cultura, de su territorialidad, identidad, y el rescate de la memoria histórica. Destacar a uno de sus fundadores, llamado popular y cariñosamente “Chin  Chin”, con más de 80 años que continua avivando, siendo ejemplo vivo del compromiso estético público, aun a su edad sigue  subiéndose los andamios juntos al colectivo de jóvenes muralistas.
De esta herencia chilena, surgen artistas como el ex miembro de la BPR.,  el Mono González y colectivos como “Paredes pintan”, “Los Oberoles cantan” y otros.
En Argentina, retomando la experiencia de grupos pasados como es el caso del “Grupo Espartaco” (1959) con Ricardo Carpani, el “Grupo Greda” (1970) con Rodolfo Campodónico, Omar Braquetti, Victor Grillo, Hugo Córdova, Néstor Berrillas y González Carone; “Grupo la Peña”, con Juan Carlos Castagnino, Ítalo Grassi y otros.
De esta herencia surgieron en la décadas de los 80 y  90, cito algunos como: “MUROSUR”, con Marcelo Carpita y Gerardo Cianciolo, “Arte Ahora”,  con Juan Carlos Soto, Fernando Calzoni, José Kura y otros. “El Colectivo Político Ricardo Carpani”, “El grupo Gambartes”, “Paredón y Después”, “Grupo Escombros” y el “Taller de Arte Jaguar Azul” (1998) constituido por Fernando Calzoni, Julia Kuzzysyn, Kike Yorg, Isaías Mata y otros creadores de distintos géneros de las artes.
Importante es señalar y reconocer que el Taller de Arte Jaguar Azul, se quedaron laborando Fernando Calzoni y Julia Kuzzysyn, una dupla muy importante, creativa, propositiva y muy laboriosa. Han realizado grandes iniciativas y esfuerzos de Encuentros de Arte Público en Corrientes, Argentina, además de crear una escuela del esgrafiado que ha irradiado a toda la Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, México y otros países.
En Bolivia, en 1950, surge el “Grupo Anteo”, con los maestros muralistas Walter Solón Romero Miguel Alandia Pantoja, y Lorgio Vaca (que aún continua produciendo murales), escritores, poetas, músicos, fotógrafos e intelectuales. De ese nacimiento del muralismo boliviano. Surge hereditariamente, en esta última década “Red Apacheta” y el más reciente “Arterias Urbanas”.
También está ”La Brigada Martha Machado” de Cuba y en Paraguay, recientemente, el grupo “YVYTU”.
En El Salvador, en la década de los 90, surge de la Asociación de Trabajadores del Arte y la Cultura ASTAC (1983) “El colectivo de muralismo ASTAC”. Con Álvaro Sermeño, Òscar Vázquez, Mario Mata, Miguel Hernández e Isaías Mata, creando murales comunitarios en distintas comunidades rurales y marginales en el país.
Por otro lado, el arte público en América Latina ha tenido grandes representantes y una producción abundante e importante en las últimas tres décadas. Son referentes fuertes y significativos países como: México, Cuba, Nicaragua, Argentina y Chile, donde se han realizado varios encuentros de  muralismo o arte público, así como un enorme despliegue de intervenciones y producciones en espacios públicos, donde se discute y se reflexiona el arte público en la actualidad.
Desde la trilogía muralística con David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, José Clemente Orozco, y luego con el pos muralismo, desde entonces hasta el presente, ha tenido un impacto estético en todo Latinoamérica, Los Estado Unidos Canadá y en Europa.
No puedo omitir, que en Los Estados Unidos y Canadá, la presencia de artistas latinos, los mexicoamericanos y los oriundos, producen obra de intervención pública con temas afines y muy propios de sus realidades y comunidades. Expresan sus raíces identitarias, tales como: la migración, la solidaridad, la historia, la agricultura, el trabajo, o bien temas de la vida cotidiana o hibrida, la herencia mexicana, lo religioso, la nostalgia e iconos de la revolución mexicana o de sus propios países de origen. Mencionar algunos exponentes como: Juana Alicia Montoya, Miranda Bergam, Susan Cervantes, Michael Ríos, Judy Baca, Raúl González, Jesús Campusano y este servidor, entre tantos.
A manera de conclusión, considero ésta pequeña charla es un intento de aproximación al muralismo Latinoamericano en el posmodernismo. Es un esfuerzo de interpretar y valorar los componentes, y la fuerte dinámica que se viene produciendo en las tres últimas décadas en nuestros países  latinoamericanos. Su interés, sus necesidades, la importancia que tiene en la sociedad.
Creo que, todo sistema político, económico, tiene sus contradicciones y el arte público es una expresión de las contradicciones y de consecuencias; surge precisamente de la necesidad de ser un grito, un verbo, una expresión activa y viva desde la individualidad y nacida colectivamente en el seno de la biodiversidad de comunidades, donde se transpiran los anhelos y las problemáticas comunes, la necesidades y aspiraciones de un cambio por conquistar nuevas conciencias utópicas.
También, señalar que hacer muralismo,  no es un mero ejercicio plástico, no es llevar o es el simple el traslado de una obra de caballete a una pared, es crear composiciones monumentales en edificios públicos con una iconografía comprometida con el ser social  y de la situación socio política, puede ser poli argumental, es otredad, no es el yo individual, es colectivo, plantea las  contradicciones de la naturaleza humana y la búsqueda de la esencia del ser social e histórico, y éste como centro y eje de los procesos de desarrollo socio –cultural. Es imperativamente la necesidad de interpretar y plasmar lo regional a lo universal, es una manera de reflexionar plástica y monumentalmente sobre la realidad y la historia del presente con un futuro prospectivo, esto se resume en una práctica estética y política.
Finalmente, el arte público como expresión muralística constituye -más allá de las grandes contradicciones del sistema y de las adversidades que este impone-, ser un diálogo abierto, franco y ético entre artistas – comunidad o sociedad, es recrear simbólica y representacionalmente las realidades, historias y anhelos de las comunidades y pueblos, para abonar a construir un mundo más solidario, más justo en armonía con todos los seres humanos y con el mundo.
Isaías Mata
Artista Visual-Muralista
17 de mayo de 2012